viernes, 29 de abril de 2016

"La pereza, vicio suntuoso" de Julio Camba

Artículo presentado y moderado por Luis Miguel

-¡Pero hombre! ¿Por qué no trabaja usted? ¡Con el dinero que podría usted ganar!...-¿Cree usted, en efecto, que si yo trabajase ganaría mucho dinero? No olvide usted la máxima de que si la literatura puede enriquecerle a uno, es únicamente a condición de que uno abandone la literatura.(...)

 “¿Cuánto cree usted que me podría producir cada hora de trabajo? Pues exactamente eso es lo que me cuesta cada hora de pereza. Haga usted el balance y verá que, en el término de un año, yo manejo, como tantos otros, muchos miles de duros. Si no fuera por la pereza, llegaría hasta a hacer ahorros considerables; pero ¡hay vicios tan caros!…

Indudablemente, la pereza es un vicio mucho más caro que el de los langostinos, sin contar que es también bastante más suntuoso, y hay hombres que, de no estar dominados por la pereza, serían varias veces millonarios. ¿Cuándo cesará la opinión de considerar a estos hombres como a unos pordioseros?



Julio Camba (Villanueva de Arosa, 1884 – Madrid, 1962)

Camba siempre es inteligente, siempre escribe bien. ¿Por dónde puede comenzar a descubrirlo un lector? Quizá por esta última antología, “Mis páginas mejores”, que fue seleccionada por el propio escritor, en 1956, para una colección de Editorial Gredos, de tapas rojas, que nos hizo asomarnos también a la obra de Francisco Ayala y Max Aub, entre otros.

Había nacido en Villanueva de Arosa en 1882. Muy joven, marchó a la Argentina, como tantos gallegos. Tenía entonces ideas anarquistas, ácratas. (La policía le hizo declarar, por haber conocido a Mateo Morral, cuando éste cometió su atentado). Se ganó la vida como corresponsal, en varias ciudades: París, Londres, Berlín, Roma, Nueva York... Desde 1913, en el ABC, su gran tribuna. Nunca se casó.

Matiza José Pla: "No era periodista sino articulista": un género literario, dentro del periodismo. Como Pla, sentía alergia por la grandilocuencia, escribía sin pretensiones, tenía una mirada muy aguda y una pluma muy precisa. Su amigo Pérez de Ayala dividía a los pensadores en tres grupos, según su concepto del hombre: los que creen que es bueno (Rousseau), malo (Hobbes) o tonto (él mismo). Camba opinaba que es "fundamentalmente absurdo". Por eso le gustaban las paradojas: "El español se europeíza en España y se españoliza en el extranjero".

De joven, le gustaba viajar, sentía curiosidad por la forma de ser de cada pueblo. Comprendía a la gente viéndola comer: "Inglaterra es un pueblo que come por necesidad. Francia es un pueblo que come lo que no necesita. España es un pueblo que no come lo que necesita".

Su vida como corresponsal no comienza hasta 1908, cuando Juan Aragón le incorpora a la plantilla de La Correspondencia de España. En 1913 empieza a colaborar con el diario monárquico ABC. Colaboración que duró hasta su muerte, salvo algunas interrupciones. Una de estas (y la más larga) sería la que le llevó a ser periodista de El Sol. Durante la Guerra Civil sus crónicas (en las que expresaba sus simpatías por el bando franquista), se publican en el ABC de Sevilla. En 1949 fija su residencia en el Hotel Palace de Madrid hasta su muerte. El 28 de febrero de 1962 fallece Julio Camba, a consecuencia de una embolia, en la clínica Covesa.

Acceso a los textos completos:


Impresiones

En esta ocasión el debate prometía ser ameno, no sólo por el tema, ¿quién no siente pereza a la hora de enfrentarse a sus obligaciones?, ¿quién no dice en ocasiones “no me apetece hacer nada?, sino también porque el autor del texto es considerado por  muchos “el mejor articulista español de la historia”, nada menos que Julio Camba.

La presentación es este caso corrió a cargo de Luis. Tras aportarnos unos datos muy ilustrativos sobre la vida y obra del autor, en su justa medida, sin caer en la sobreabundancia de datos, que para eso tenemos las enciclopedias, y proponernos unas líneas de debate a seguir, se  abrió el turno de intervenciones. El asunto central, como convinimos, gira en torno a la confesión de Camba cuando manifiesta su afición a la pereza: “La pereza constituye mi vicio central, mi pasión única”. Alguien del grupo reconoce que este vicio es evidentemente muy caro  y acto seguido el debate se centra en la gran contradicción que supone el binomio trabajar y a la vez ser perezoso, y que el autor lo soluciona de un modo muy ingenioso: realizar las operaciones de ganar y gastar de modo simultáneo.

En el fondo todos estamos de acuerdo en que el autor fue un vividor, un aventurero, disfrutaba de la vida y trabaja para vivir y no al revés. En torno a esto Iñaki nos planteó que en el fondo lo ideal es hacer un trabajo que te gusta porque a partir de ahí trabajar y disfrutar son dos acciones que se difuminan en una sola. La realidad, como plantea César, es que hoy en día hay un altísimo porcentaje de personas que no trabajan en lo que les gusta y esto repercute en el rendimiento laboral; se aporta un dato a este respecto: actualmente el 60 % de los profesores en España, si pudieran cambiarían de trabajo. Como dijo José Ángel el problema es que tengamos que trabajar para ser felices.

En conclusión, la en apariencia tontería –“a mí se me ocurren muchas tonterías”, dice el autor- de para qué trabajar si me voy a dedicar a la pereza, nos ha hecho reflexionar sobre temas trascendentes; va a tener razón Camba cuando nos advierte: “…no me tomen nunca completamente en serio… ni completamente en broma”.

Os invitamos a compartir con nosotros vuestras opiniones

                                                                                                            Articularia

3 comentarios:

aldoreon dijo...

Como todo en la vida depende de la personalidad. Es la que nos llevaría a preguntar a cada uno por cómo entiende él el trabajo. Creo que habría muchos matices al respecto.
Yo, en mi trabajo (creo que como mucha gente) tengo actividades más apetecibles que otras, es por lo que aplico, si me permite la ocasión, lo que se puede decir una táctica compensatoria. Equilibro el tiempo entre lo que me gusta más y lo que menos. Hay que cuidar las neuronas en la medida de lo posible y más si no sobra ninguna.

luismi dijo...

Yo pienso que, como buen humorista, Camba manejaba muy bien la relatividad de las cosas y el saberse reir de si mismo y en éste artículo extrapola la vida placida y sibarita ensaltando la pereza de manera radical.

Félix Miguel Gozalo dijo...

Excelente!!!!!Ánimo,ánimo..... joven colega!!!!;