viernes, 22 de enero de 2016

"Bonnard" de Julio Llamazares

El mensaje de su obra es tan sencillo como certero: nos pasamos la vida persiguiendo absurdos y dejamos pasar lo importante de ella sin aprovecharlo.
En medio del ruido y de la algarabía, de los enfrentamientos políticos y de la agitación electoral, desembarca en Madrid la obra de Bonnard, el pintor francés del color, de la felicidad de vivir y de la fugacidad del tiempo. En tiempos de turbulencias como el de ahora, a caballo entre dos siglos, el XIX y el XX, marcados por la convulsión del mundo, Bonnard pintó como si estuviera solo, al margen de corrientes y de modas, que entonces, como hoy, eran olas que arrastraban a todos los pintores. Como un Virgilio moderno, en su estudio de París o en sus talleres de Vernon y Le Cannet, los dos con luces tan enfrentadas: la oscura y fría de la Normandía norteña o la centelleante y llena de intensidad y color de la Costa Azul francesa, remedo de la Arcadia virgiliana, Bonnard entregó su vida a apresar los colores del mundo, que acabarían siendo en sus cuadros, tras abandonar poco a poco la figuración humana, lo verdaderamente sustancial de él.









Presentación del artículo a cargo de Iñaki González, miembro de Articularia

Julio Llamazares (Vegamián, León 1955-)

Inició su carrera literaria con la publicación del libro de poemas La lentitud de los bueyes (1979). Posteriormente, publicó un insólito ensayo narrativo titulado El entierro de Genarín (1981), y regresó a la poesía con Memoria de la nieve (1982), poemario que mereció el Premio Literario Jorge Guillén.

Su trabajo como novelista es conocido a partir de la obra que le daría renombre, Luna de lobos (1985), donde aportó soluciones poéticas al campo narrativo con una historia que versa sobre la sufrida existencia de los maquis surgidos de la guerra civil española; una epopeya anónima contada mediante un lenguaje de hondo calado poético. De hecho, en toda su producción ha hecho gala de un acentuado tratamiento lírico del lenguaje, unido a una proximidad personal a la naturaleza y al mundo rural, de carácter casi romántico.

Su segunda novela, La lluvia amarilla, de 1988, es un largo monólogo del último habitante de un pueblo del Pirineo de Huesca. La aldea de Anielle, abandonada por sus vecinos, parece desde una loma "un alud de losas y pizarras torturadas". Sólo queda allí Andrés de Casa Sosas, un anciano que ha sido testigo de la progresiva desolación, de la partida de los últimos vecinos, de la muerte de Sabina, su mujer. Entre el silencio y la soledad, el viejo Andrés deambula como un fantasma por las casas abandonadas, imaginando, en solitario monólogo interior, cómo reaccionarán los vecinos del pueblo próximo cuando se enteren de que él ha muerto. (Fuente: http://www.biografiasyvidas.com)

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Texto completo del artículo
Articularia
En este artículo Julio Llamazares habla del mensaje sencillo de la obra del pintor Bonnard: “nos pasamos la vida persiguiendo absurdos y dejamos pasar lo importante de ella sin aprovecharlo”. Al autor  le sorprende que el pintor coincida en la misma idea con el político José Mújica en torno a la existencia: “La vida es un milagro; la vida es un regalo. Y sólo tenemos una”. Perderla en trivialidades es un error.

En el debate surgieron discrepancias de interpretación; para algunos no se entiende cómo Llamazares llega a la conclusión de que éste es el mensaje de la obra de Bonnard, o que se haga mención de la figura Jorge Múgica. En lo que sí se coincide es en la importancia de saber vivir, buscar la felicidad y actuar conforme a unos principios y creencias. A este respecto se citó la locución latina “carpe diem”.

Desde aquí animamos a participar a todo el que quiera dejar sus reflexiones sobre el tema.

12 comentarios:

aldoreon dijo...

Al fin y al cabo pienso que fue una sesión distendida, lo que por otro lado, resulta un descanso.
Recuerdo, eso si, ciertas discrepancias en cuanto a lo que supone el arte en nuestra sociedad, al final de la sesión.
Quizás, alguien proponga un artículo y podamos debatir sobre el Arte, "con mayúsculas". Lo que resulta recurrente es la tensión entre razón y pasión. Aunque en el debate veo más de lo uno que de lo otro, y cada uno juzgará que es lo uno y lo otro. Como somos Camino de Santiago, ahora precede decir "buen debate"...

aldoreon dijo...

Por cierto, Aldoreon es un seudónimo de....

aldoreon dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
aldoreon dijo...

Pista, es un anagrama

Anónimo dijo...

Quizá un elemento importante del artículo es el de la "importancia de vivir el presente", el aquí y ahora.
Saludos

luismi dijo...

Por ahí va el tema según yo creo, no pasar la vida dormitando, si no estar "despierto".
Buenos días

Anónimo dijo...

Utilizar solo la razón no es bueno. Y utilizar solo la pasión es peor. Lo mejor es una mezcla de ambas.

aldoreon dijo...

"Me pregunto si han considerado cómo malgastamos nuestras vidas, cómo disipamos nuestras energías, cómo intelectualmente somos gente de segunda mano, sólo conocemos la rutina, el aburrimiento, tanto físico como psicológico. "
Jiddu Krishnamurti.
Me parece que por aquí va el artículo....

César M García dijo...

Efectivamente fue muy interesante el punto de vista sobre que hoy en día se llama arte a lo que cualquiera puede realizar: “si yo lo puede hacer y no soy un artista, ¿es eso arte”. Como muy bien dijo otro contertulio, primero hay que demostrar una técnica artística y a partir de ahí lo que se plasme puede gustar más o menos, pero es fruto de un artista.

César M García dijo...

Creo que deberías desvelarnos el enigma

César M García dijo...

Sí que es cierto que en muchas ocasiones pasamos mucho tiempo pensando en lo que hemos hecho en el pasado o preocupándonos por lo que el futuro nos va a deparar, sin disfrutar el tiempo presente; pero vivir el aquí y ahora sin más sin estar fundamentado en unos valores congruentes con uno principios, no deparará la felicidad, que es al fin y al cabo lo que buscamos en la vida.

César M García dijo...

Tienes toda la razón, va por ahí, pero también añadiría lo que William B. Irvine se pregunta en su libro "A guide to the good life":
“De todas las cosas a las que podrías dedicar tu vida, ¿cuál de ellas crees que es la más valiosa?” y continúa, “Si vives sin un gran objetivo, no tienes una filosofía de vida coherente. ¿Y por qué es importante tener una filosofía tal? Porque si no la tienes, corres el riesgo de malvivir –de que, a pesar de todo lo que hagas, a pesar de todas las cosas placenteras de las que disfrutes, acabes viviendo una mala vida.”
El artículo también va de esto.