martes, 4 de noviembre de 2014

"Buenos días tristeza" de Françoise Sagan


Su primera novela Bonjour tristesse (1954) la hizo famosa en pocas semanas y por ella obtuvo el codiciado Prix des Critiques. 

Esta historia de una adolescente privilegiada con opiniones precoces acerca del amor, el sexo y los códigos morales al uso fue llevada en 1958 a la gran pantalla por el realizador Otto Preminger, con Jean Seberg, Deborah Kerr y David Niven como personajes principales. 

En aquella época, consciente ya de que su vida desenfrenada la llevaba a una prematura decrepitud, la autora se sometió a varias curas de  desintoxicación.




Françoise Sagan (Lot 1935 - Honfleur, Normandía 2004)

Seudónimo literario de la escritora francesa Françoise Quoirez, icono entre la intelectualidad de los años cincuenta y sesenta.  

Con su segunda obra Un certain sourire (1956) la joven novelista confirmaba las esperanzas que había suscitado.  Dio muestras, por segunda vez, de una maestría literaria asombrosa, a pesar de los graves defectos en la concepción de sus personajes y el desarrollo de la trama. Su estilo narrativo, personalísimo, no conocía prejuicios. A los 20 años, Françoise Sagan gozaba de una fama que ningún novelista había alcanzado a aquella edad.
Sagan continuó publicando no sólo novelas, sino  también obras de teatro, desde que en 1960 se estrenara en este género con Château en Suède, que supuso en su carrera teatral el equivalente de Bonjour tristesse en la ficción, y que se representó en el teatro L’Atelier. Aquel año inició su colaboración en L’Express y se ganó la animadversión del gobierno francés por su militancia («por razones humanitarias») contra la tortura en Argelia. Otras de sus obras teatrales fueron Il fait beau jour et nuit (1978), Le chien couchant (1980) y L’excès contraire (1987).

Antes de retirarse por incapacidad, aún escribió varias novelas, ya sin la calidad que la caracterizaba. 
En 1996 publicó Derrière l’épaule, en el que traza una mirada crítica sobre su vida. Y, en 2001, Aimez-vous Sagan?, porque estaba convencida de que muchos la consideraban entonces como la «madona olvidada y hasta vilipendiada de una literatura mal entendida».Sagan pasó los últimos años de su vida enferma y arruinada. Había ganado dinero a raudales, gastándolo con la misma rapidez que lo cobraba. Nunca se arrepintió de lo que había vivido, y vivió mucho, disfrutando y a la vez sufriendo el escándalo, las juergas nocturnas, el sexo, la bebida y las drogas. Su aparente felicidad escondía una gran soledad interior. 

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